
Y enlazando con la anterior entrada, esas palabras mal dichas en un momento determinado, o esa actitud no deseable en determinadas circunstancias en las que lo esperable sería la comprensión y el apoyo, actúa directamente sobre nuestra manera de percibir el mundo, a los demás. Y lo que es aún más profundo: actúa sobre la forma que podemos tener para analizar nuestra propia existencia, la manera en la que nos podemos definir (autoconcepto) y más concretamente, sobre el aprecio que cada un@ pueda llegar a desarrollar hacia sí mism@.... nuestra AUTOESTIMA.
Y quiero dejarlo así, en mayúscula y en negrita, porque considero que he ahí la base de nuestra manera de encontrar soluciones a nuestros problemas, el cimiento de la madurez personal para afrontarlos y salir adelante con la cabeza alta... hayamos o no alcanzado la solución deseada. Da paso a otra gran palabra: AUTOCONFIANZA.
La felicidad no es un estado continuo de auto-enamoramiento.... es un estado más bien de plenitud, con sus altibajos, pero en el cual podemos apoyarnos, tanto para valorar todo lo bueno que nos rodea, como para superar lo más negativo de nuestra existencia.