“El
mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que apuntamos
demasiado alto y fallamos, sino que apuntamos demasiado bajo y
acertamos”
Miguel
Ángel (arquitecto, escultor y pintor).
Espero que no hayas leído el título de este capítulo en el índice del libro y te hayas dirigido directamente a él buscando la gran respuesta. La respuesta a esa trascendental pregunta, como la mayoría de las respuestas que vas a necesitar para conseguir todo lo que anhelas, no las vas a encontrar en ningún libro. Como mucho conseguirás que un guía te acompañe en el camino de descubrir los lugares donde se encuentran dentro de ti, alguno de ellos quizá remotos ahora mismo. Pero los tesoros de esos lugares que descubras sólo podrán ser cargados por tus manos y transportados en tus espaldas… y, lógicamente, sólo tú podrás disfrutarlos y decidir compartirlos, aunque es evidente que todos los que te quieren también tendrán una recompensa indirecta a través de tu felicidad.
El objetivo de este capítulo es que tú mismo encuentres tu meta, y todo lo que has leído detenidamente hasta llegar aquí es importante para que ahora ese objetivo se consiga. Eres quizá como un Mozart al que equivocadamente se le dio un pincel en lugar de un piano, y todos alrededor pensaron que tan sólo alcanzarías a ser un torpe pintor de brocha gorda. Hasta tú lo creíste. Ahora es el momento de romper esas creencias, de marcar un nuevo rumbo, de girar el timón y tomar nuevos vientos favorables. Debes elegir cuidadosamente tu destino para esta nueva aventura, para este desafío que es vivir.
¿Listo para definir tu meta? ¿Notas el cosquilleo en el estómago? Es normal, son los nervios de algo importante que se acerca. ¿No es fantástico sentir que estamos a punto de encaminar nuestro futuro? No creo que haya prácticamente nada que pueda igualar la sensación de que somos los auténticos dueños de nuestra vida, no hay excitación mayor que la de sentir que el viaje más importante, el de mayor trascendencia, el que marcará nuestras vidas, está solo en nuestras propias manos. ¿Miedo?, espero que no. Yo estaría mucho más asustado si fuera otro el que decidiera por dónde irá mi vida, pero estando en mis manos es sobre todo un regalo y una gran oportunidad. Esa es tu situación ahora mismo. No dejes que pase un minuto más. Estés donde estés leyendo esto encuentra un instante de calma y comienza a pensar. No te estoy pidiendo que ahí, quizá en medio de un autobús repleto donde puede que estés ahora, encuentres en dos minutos el sentido a tu vida, el propósito final. Lo que sí te estoy pidiendo es que no subestimes ese momento, porque nada ni nadie puede asegurar que no lo vayas a encontrar ahí mismo. Piensa que el mejor momento que tienes para pensar en tu meta… ¡es precisamente ahora mismo! Lógicamente no puedes en el pasado, y el futuro no es una opción, porque no existe. Ahora estas aquí leyendo esto, con el estómago revoloteando porque puedes darle sentido a muchas cosas que antes no conseguías entender, y no es momento de dejar pasar la oportunidad. Agárrala con fuerza.
Como hemos oído hasta la saciedad y, sobre todo, en épocas de crisis: “No pretendas obtener resultados diferentes si sigues haciendo lo mismo”. Esta frase, por repetida no es menos correcta. Es necesario que cambies ciertos parámetros básicos de tu modelo de reflexión para que el resultado que obtengas esta vez no te lleve de nuevo a un pozo de frustración. Debes tener en cuenta lo siguiente:
