martes, 15 de enero de 2013

Poner freno al autoritarismo


¿Cómo y en qué medida nos afecta a lo largo de nuestra vida el estilo de enseñanza (no solo de crianza, concepto que se tiende a limitar de manera más exclusiva a ambientes estrictamente familiares)?

No puedo evitar cuestionarme el motivo por el que hay ocasiones se tiende a la inactividad aun cuando las circunstancias aprietan incluso a la propia calidad de vida. La actividad es una necesidad vigente en cada ser humano, me atrevería a afirmar incluso que nacemos predispuestos al movimiento, a la ejecución de determinadas pautas comportamentales importantes para nuestra supervivencia personal, que trascienden incluso a la propia indefensión de nuestras crías al nacer. Nacemos con toda una serie de reflejos que nos permiten progresivamente ir adaptándonos a los medios de los que disponemos, con ayuda, pero en todo caso mostrando un papel sumamente activo en su desempeño. Observemos por ejemplo, un bebé recién nacido en el momento de la succión: busca el pecho de su madre, repta hacia él… incluso hay ocasiones en las que si nos paramos a examinar estas situaciones, muestra más seguridad a la hora de la succión que la propia madre, cuya actitud está ya impregnada de prejuicios, miedos e inseguridades.

Quiera, pues, proponer una serie de reflexiones acerca de qué sucede en ese proceso educativo vigente a lo largo de todo el desarrollo vital en todo ser humano para que esa tendencia innata hacia el papel activo ante a la propia supervivencia vaya siendo minada de tal forma que va decayendo hacia la inactividad.

Quizá cabe plantearse que este empuje, haya que ir atajándolo desde la cuna.

En los últimos años, estamos empezando a ser testigos de la re-aparición de un concepto que en mi opinión, creí que estaba destinado a su extinción. Pero lejos de ser así, parece que vuelve, y retoma su hegemonía con más fuerza que nunca. ¿El porqué? Honestamente, no me queda claro si se trata de cuestiones políticas, mediáticas o sociales... probablemente, una vez más estemos asistiendo a una suma de variables implicadas. Pero pienso que se hace necesario meditar acerca del tema. Reflexionar acerca de este concepto, eso sí, una vez que poseamos el máximo de información posible al respecto, sin conformarse sólo con una pequeña parte del mismo. Al fin y al cabo, recordemos, que explicar un término apoyándose sólo en parte de su significado (normalmente aquél que te beneficia), no sólo se trata de una aberración cuando tratamos temas científicos, sino que además es una de las reglas de manipulación más utilizadas.

Me estoy refiriendo al término AUTORIDAD. Hace años en España (y aún vigente en muchos otros países), sufrimos las consecuencias de la consideración de que la educación debía estar marcada por este concepto. La autoridad en el pueblo en unos tiempos que a algun@s les genera tanta nostalgia, la poseía la guardia civil, el cura y el maestro. Y ahora, unos años después de la entrada del siglo XXI, parece que se retoma como propuesta de solución de todos los problemas sociales... "a los chicos de hoy en día les hace falta autoridad". Y afortunadamente para mí, como soy mujer, y aquí sólo se habla en masculino, no me doy por aludida, así que voy a desgranar y desmantelar esta idea :-).

Ya no sólo es una frase hecha, sino que parece que toma un significado de imperativo, de necesidad. Pero no nos engañemos. No es nueva. No se trata de una frase moderna, fruto del "vicio" y la "mala educación" de una infancia en la que se tiene de todo y a la que no se le ha puesto límites. Ya en la época de los antiguos egipcios se encontró un papiro aludiendo a que "la juventud estaba perdida". Curioso, ¿verdad? ¿O podrá ser que la única juventud sana era la que existía antes de los antiguos egipcios?...

En fin, vamos a ir por partes. Quisiera hablar en primer lugar de los diferentes estilos educativos que pueden aplicarse dentro del seno familiar (con sus matices particulares para cada caso, por supuesto). En este post, concretamente, me centraré en esta cuestión. Hay otra importante: las normas (su creación, su necesidad, su establecimiento,...); pero lo dejaré para una segunda parte.

ESTILO ANÁRQUICO

Se caracterizaría por una excesiva permisividad, así como pasividad ante los comportamientos del hijo. No existirían límites, bajo el supuesto de que así es como se logra auténticamente la libertad (lo cual obvia decir que se trata de una libertad falaz e irreal). Los hijos cooperarían en la convivencia si ellos consideran que así han de hacerlo. Ciertamente lo que se acaba produciendo es una actitud de servilismo por parte de los padres, de sumisión, que puede crear auténticos tiranos egocéntricos, con conductas socialmente poco adaptadas.

ESTILO SOBREPROTECTOR

L@s hij@s han de ser protegid@s, cuidad@s en todo momento por parte de los padres y madres (ya que es su responsabilidad), tanto cuando viven en el hogar, como cuando lo abandonen. Es una actitud de absoluto servilismo hacia ellos. Se plantea que cuando crezcan y se hagan mayores, ya se ocuparán de sus asuntos, pero la realidad plantea que cada vez que tengan un problema, los padres y madres estarán ahí para solucionárselo. En definitiva, no se les deja crecer como personas, por una absoluta desconfianza en sus posibilidades. Además, como se les intenta evitar la frustración a toda costa, efectivamente, la probabilidad de que l@s hij@s se percaten de que sí que podrían solucionarse sus propios problemas, disminuye.

ESTILO AUTORITARIO

Este estilo se basaría en la premisa "se aprende si duele", o lo que es lo mismo "lo que no te mata, te hace fuerte". El hijo o la hija no es libre para expresarse, no puede ni debe preguntar por qué han de hacerse las cosas que se hacen, cuestionar las normas impuestas por el padre o la madre, y mucho menos aportar alternativas. Se tienden a castigar los fracasos, pero raramente recibirán refuerzo los logros.

Tal y como plantea Javier Urra, licenciado en psicología y primer Defensor del Menor en España, "Las creencias de los padres es que ostentamos la autoridad y hemos de hacerla cumplir con o sin la colaboración de los hijos. Sus criterios se impondrán cuando sean padres". Es decir, en los problemas que se pueden ir planteando a lo largo de la vida, siempre va a ganar el que ostente el poder. Por eso hay que luchar por conseguirlo, para luego, una vez que se ha logrado, ejercerlo con contundencia. Esta es en definitiva, una breve y concisa descripción del estilo paternalista: "en esta casa (o país) se hace lo que yo digo, que se lo os conviene a todos".

En lo que respecta al "cachete", en realidad es una consecuencia de una educación paternalista y autoritaria. Al niño o la niña, no se le percibe como una persona. No tiene los mismos derechos que el resto en la casa, por eso el padre o la madre puede aplicar el castigo que considere conveniente, aunque sea físicamente, aludiendo además a que no se trata de "pegar". Y yo me pregunto: si a ti te diera alguien un cachete cuando alguien quiere que hagas algo que a ti no te apetece, ¿te sentirías agredid@? Y si los menores también son personas de pleno derecho, ¿por qué a ell@s sí, pero al resto no? Suelo poner un ejemplo para pensar acerca de ello: en toda convivencia, hay desavenencias. Y en ocasiones, un abuelo, una abuela (e incluso ambos) se vienen a vivir con nosotros. Imaginémonos que el abuelo en su casa tiene la costumbre de llevarse el orinal a la cama por la noche. Pero a nosotros nos desagrada, porque tiene el baño al lado de la habitación y además duerme en una habitación con moqueta... Aun así, el abuelo insiste: es su costumbre. Le decimos que no lo haga, pero aun así, a la mañana siguiente, vuelve a llevar el orinal. Y así día tras día, mañana tras mañana. ¿Qué harías? ¿Se te ocurriría darle un cachete para que vaya aprendiendo? La respuesta más común suele ser que ¡cómo vamos a pegar a un anciano!... vaya, ¿pero no habíamos quedado que un cachete no es "pegar"?

...sólo pido, por favor, reflexión al respecto. Argumentación que vaya más allá de "para unas personas sí, pero para otras no". Recordemos que el "grado" de persona, de ser humano con derechos, no es algo que se adquiera sólo cumpliendo años, o cuando una sea madre, sino que es un hecho que se produce en el mismo momento del nacimiento.

ESTILO DEMOCRÁTICO

No se trata de lograr la perfección y la armonía constante. Se trata de perseguir la justicia entendida para toda la familia. Se trata de ofertar libertad, efectivamente, pero estableciendo unos límites para todos y cada uno de sus miembros. No sólo hacia los hijos o hijas. Éstos pueden y deben buscar solución a sus problemas, y han de ser partícipes en la toma de decisiones, especialmente cuando les competen directamente. Se ha de fomentar su responsabilidad en dichas decisiones y se les ha de dar la oportunidad de comprobar las consecuencias de sus actos. O por decirlo de otra forma: si el sábado no quieren ir a ver a su abuela, habrá que preguntarles por qué. Puede que exista una razón de peso...o no. Pero la decisión por parte de un padre o una madre de acudir a casa de la abuela o no, ha de ser tomada con el máximo de información posible.

Un padre o una madre confían en que sus hij@s resuelvan conflictos, aprendan a tomar decisiones y poco a poco vayan siendo más independientes.

En mi opinión, un padre o una madre no deberían de ejercer autoridad sobre sus hijos. Hemos de esforzarnos por convertirnos en unos buenos líderes dentro de la familia. Ejercer autoridad no es lo mismo que poseer dotes de liderazgo. Lógicamente esto hace que discurramos más, que pensemos más en nosotr@s y al mismo tiempo ejercitemos la empatía. Puede que parezca que se complica la labor de ser padres y madres, en cambio, al fin y al cabo, me imagino que nadie creyese que tener un hijo o una hija iba a ser una labor sencilla.

Y es que existen distintas formas de entender la paternidad, diferentes maneras de entender la educación de l@s niñ@s. No hay sólo dos formas de entenderla, como a veces parece que se intenta hacer ver (Autoritarismo o Permisividad). Este binomio resulta altamente confuso: aquel que desee pugnar por la imposición del autoritarismo, tiende a denominar al estilo permisivo como "democrático", y nada más alejado de la realidad, como ha quedado anteriormente expuesto. En todo caso, esa permisividad es propia del estilo anárquico, carente de normas.

Este planteamiento es parcial y potencialmente peligroso para la juventud: se necesita que las personas piensen por sí mismas, que se desarrollen de manera plena, con autoconfianza. Defendiendo sus derechos sin vulnerar los de los demás. Que sepan agradecer lo que tienen, pero sin rendir pleitesía a nadie: por ejemplo, cuando una persona con pocos recursos económicos saca una carrera, no lo hace gracias a los padres o al Estado que le proporciona becas. Lo hace por sí misma, por mérito propio. Otra cosa es que para lograr este derecho, se le proporcione los medios adecuados.

En definitiva, no creo que la juventud esté perdiendo valores. Puede que nos estemos desarrollando ahora mismo y concretamente en esta cultura, bajo el prisma de que no nos falta de nada (material, entendamos), pero esto no significa que no haya carencias de otro tipo. Los que hoy en día nos gobiernan no son los más jóvenes, y su educación probablemente estaba basada bajo esos mismos términos autoritarios que tanto desean imponer a la población como remedio a todos los males.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada