Venimos hablando desde hace un tiempo de la necesidad de tomar consciencia de la importancia del empoderamiento en la persona. Conocemos el concepto, sabemos que se trata de fomentar el autoconocimiento para trabajar la confianza en un@ mism@ y a partir de ahí empezar a poner en práctica todo aquello que sabemos que podemos hacer, porque es nuestra propia responsabilidad. Empieza así una cadena de trabajo personal y mejora de la autoestima que conlleva a su vez mayor probabilidad de seguir trabajando y disfrutar con lo practicado.
Ahora bien.... ¿por qué nos resulta tan complicado trabajar sobre este concepto? ¿Por dónde empezar?
Quizá debiéramos comenzar por un proceso de des-educación, de desaprender toda una serie de principios o valores mal llamados "universales".
Propongo para ello el visionado de esta entrevista a Noam Chomsky para su posterior reflexión:
Daniel Goleman, ya en las primeras páginas de su "best-seller" Inteligencia Emocional habla acerca de que la inteligencia entendida como racionalidad, no es condición suficiente para acceder al éxito. Para ello se necesitarían otros factores más de tipo emocional, que nos permitirían desarrollar nuestras ideas de tal forma que consiguiésemos hacerlas llegar adecuadamente al resto de la humanidad.
En fin, aun con el aluvión de críticas que personalmente se me pueden ocurrir a propósito del desarrollo del libro anteriormente mencionado (no tanto de la teoría en sí como de los ejemplos que tiende a mencionar), sí que es necesario reconocer que algo importante para cada un@ de nosotr@s va a ser la aceptación de lo nuestro por parte de los demás. Colocando un límite, por supuesto... nuestra vida no puede hallarse condicionada cara a conseguir el beneplácito de todo aquél que se cruce en nuestro camino. Pero ¿qué ocurre con los individuos que nos rodean y que son significativamente importantes para nosotr@s?... o lo que es lo mismo, aquellas personas a las que guardamos un lugar privilegiado dentro de nuestro corazón.
Y enlazando con la anterior entrada, esas palabras mal dichas en un momento determinado, o esa actitud no deseable en determinadas circunstancias en las que lo esperable sería la comprensión y el apoyo, actúa directamente sobre nuestra manera de percibir el mundo, a los demás. Y lo que es aún más profundo: actúa sobre la forma que podemos tener para analizar nuestra propia existencia, la manera en la que nos podemos definir (autoconcepto) y más concretamente, sobre el aprecio que cada un@ pueda llegar a desarrollar hacia sí mism@.... nuestra AUTOESTIMA.
Y quiero dejarlo así, en mayúscula y en negrita, porque considero que he ahí la base de nuestra manera de encontrar soluciones a nuestros problemas, el cimiento de la madurez personal para afrontarlos y salir adelante con la cabeza alta... hayamos o no alcanzado la solución deseada. Da paso a otra gran palabra: AUTOCONFIANZA.
La felicidad no es un estado continuo de auto-enamoramiento.... es un estado más bien de plenitud, con sus altibajos, pero en el cual podemos apoyarnos, tanto para valorar todo lo bueno que nos rodea, como para superar lo más negativo de nuestra existencia.